En el mundo maorí las plantas tienen mauri, fuerza vital, y whakapapa, genealogía, igual que las personas. El mānuka es un hijo de Tāne. Quien usa el mānuka entra en una relación con la planta y con el bosque.
El kaitiakitanga, la custodia y protección de la tierra y sus recursos, es un concepto central. El mānuka no es un simple producto, sino algo que hay que proteger para las generaciones futuras.
Por eso, para muchos maoríes, la lucha por el nombre mānuka va más allá del comercio: trata de su lengua, de su saber y de su relación con la tierra.