En toda Europa la creencia popular atribuía a las plantas poderes especiales. Protegían la casa y el ganado, traían el amor, alejaban las tormentas y las fuerzas malignas. Estas costumbres suelen ser muy antiguas y más tarde se unieron a fiestas cristianas.
Un buen ejemplo de los Países Bajos es el kruidwis, el ramillete de hierbas. En la Asunción, el 15 de agosto, se bendicen en el Limburgo neerlandés y belga ramilletes de hierbas y cereales. El ramillete, con artemisa y ajenjo entre otras plantas, se guardaba en casa y se echaba al fuego durante las tormentas, como protección contra los rayos.
También la noche de San Juan, el 24 de junio, era tiempo de hierbas. El hipérico se recogía y se colgaba sobre la puerta contra la desgracia. En el siglo XIX los folcloristas recopilaron estas costumbres, y en el siglo XX surgió una magia herbal moderna, sobre todo en movimientos neopaganos.